Por tercer año consecutivo, desde la UNQ se realiza el relevamiento para conocer la situación laboral de graduados y graduadas y el vínculo con lo que estudiaron.

En un contexto de cuestionamiento institucional, los datos ratifican que la UNQ no solo forma profesionales de calidad, sino que actúa como una herramienta clave de movilidad social y estabilidad laboral. El 70% de los graduados constituye la primera generación de universitarios en sus hogares, dando cuenta de manera irrefutable que la Universidad potencia procesos de movilidad social ascendente. Este dato es particularmente relevante frente al promedio regional de titulación universitaria (15% – 17%), demostrando que la UNQ democratiza el acceso a niveles superiores de formación y rompe ciclos de desigualdad intergeneracional.

Del relevamiento se destaca la calidad de la inserción laboral de nuestros graduados. El 90,2% posee un trabajo formal, cifra que supera de manera abrumadora el promedio de formalidad en el territorio de referencia (55-57%). Además, el 80% trabaja en áreas directamente relacionadas con su formación, lo que valida la pertinencia de los planes de estudio frente a las demandas reales del mercado.
Ser graduado reduce de manera indiscutible la vulnerabilidad económica. Mientras que el INDEC estima un 28,3% de pobreza en el Conurbano Sur, entre los graduados de la UNQ esta cifra se reduce a menos de la mitad (12,43%). El título universitario funciona como un “escudo” eficaz contra la indigencia y la precariedad extrema.

Más allá de del derrotero laboral de nuestros graduados, el relevamiento deja ver la fortaleza del sector público, el alto nivel de formación de los profesionales que demanda y su complementariedad con el sector privado a través de mercados de trabajo diferenciados y complementarios. El sector estatal se consolida como un garante de estabilidad para perfiles de ciencias sociales y salud, con niveles de pobreza casi nulos (menores al 2%), mientras que el sector privado absorbe con alta remuneración a los perfiles tecnológicos y de gestión.
Si bien hay áreas de formación mejor remuneradas que otras, queda claro que a mayor nivel de formación, mayor es la protección económica: el 89% de los graduados de posgrado percibe ingresos superiores a las 2 Canastas Básicas Totales (CBT), alcanzando niveles de inserción remunerada cercanos al 95%.

Sigue siendo una deuda social, de la que la UNQ no es responsable pero sí firme militante para superarla, las persistentes brechas entre géneros a favor de los varones. A pesar de los logros, se observa que las mujeres se ven desfavorecidas respecto a los promedios de ingresos y mayor carga horaria fuera del mercado laboral, lo que refuerza la necesidad de políticas institucionales con perspectiva de género para mitigar estas desigualdades.

Para cerrar, los datos aquí presentados desmienten los discursos de deslegitimación promovidos especialmente por el Poder Ejecutivo Nacional y otros sectores que hablan -cuando menos- desde el desconocimiento de la realidad movidos por el rechazo hacia la construcción de una sociedad igualitaria.

En este contexto, la Universidad Nacional de Quilmes es una institución eficiente que devuelve a la sociedad profesionales integrados al mercado formal, con altos niveles de especialización y, fundamentalmente, con una capacidad de ascenso social que justifica plenamente el valor de la inversión pública en educación superior.
