Mirella Angélica Lazo Tapia, graduada de la UNQ y ganadora de la prestigiosa beca GKS-G de Corea del Sur, repasa su trayectoria internacional y el valor de la formación universitaria argentina.

La educación pública argentina vuelve a dejar su huella en el plano internacional. Mirella Lazo Tapia, graduada de las carreras de Profesorado en Educación y Licenciatura en Educación de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ), las cuales cursó de forma simultánea, fue una de las cuatro argentinas seleccionadas en 2023 para la beca GKS-G (Global Korea Scholarship for Graduate Degrees) otorgada por el gobierno de Corea del Sur.
Su acceso a esta oportunidad de posgrado no fue un camino ordinario. Mirella ingresó a través de una modalidad altamente competitiva dirigida a profesionales del ámbito educativo. “Mi cupo entre las elegidas argentinas lo obtuve a través de un programa especial para profesionales de la educación, del cuál solo fuimos elegidos 15, entre todos los postulantes a nivel mundial”, se enorgullece al recordar el inicio de su periplo.
Tras haberse especializado previamente en la enseñanza del idioma inglés, en agosto de 2023 viajó al país asiático para asentarse en Keimyung University, una institución ubicada en la ciudad de Daegu. Como requisito previo e indispensable de la beca, debió dedicar un año entero al estudio intensivo del idioma coreano y rendir el examen de suficiencia TOPIK. Cumplida esa etapa inicial, en septiembre de 2024 comenzó el cursado de las asignaturas de su maestría.
Recientemente finalizada su experiencia en el exterior —permaneció en Corea del Sur hasta finales de agosto de 2026—, Mirella culminó sus estudios obteniendo el título de Master of Arts in English Education con métricas académicas sobresalientes: un GPA de 4.45/4.50 y un promedio de 96/100. “Fue un orgullo para mí representar a la UNQ y a la educación pública durante mis años en Corea del Sur”, confiesa, al tiempo que asegura estar “muy ansiosa de poner en práctica todo lo que aprendí estos años”.

— ¿Qué herramientas o aprendizajes de tu paso por la UNQ llevaste a tu formación en Corea del Sur?
— Mi paso por la UNQ me ayudó a desarrollar el pensamiento crítico y me dio herramientas para poder realizar análisis sobre los fenómenos educativos en profundidad. Lo cual me permitió abordar las materias en las que debía realizar trabajos de investigación con facilidad. Al ser una maestría, la mayoría de las clases eran a base de presentaciones, y no es por presumir, pero mis profesores se quedaron muy sorprendidos y satisfechos con mi capacidad de preparar y dar presentaciones, habilidad que desarrollé tanto en mi paso por la UNQ.
El proceso de admisión a la beca requirió superar múltiples filtros administrativos y académicos. En primer lugar, los postulantes debieron afrontar una entrevista en la Embajada de Corea del Sur en Argentina, donde la representación diplomática selecciona a tres candidatos generales. En su caso, al concursar dentro del cupo global para educadores, pasó a integrar una lista reducida a nivel internacional. Posteriormente, el Instituto Nacional para la Educación Internacional evaluó las carpetas para recomendar a los candidatos ante las instituciones universitarias.
El paso definitivo consistió en las entrevistas con los claustros académicos de destino. Aunque la beca permitía aplicar en simultáneo a tres casas de altos estudios, Lazo Tapia fue admitida en dos de ellas y optó finalmente por Keimyung University.
Sobre el impacto emocional que le provocó la confirmación de su vacante, la graduada rememora: “Recibir la aceptación de la universidad me reafirmó que todo el esfuerzo que había hecho valía la pena. Y más sabiendo que iba a representar a mi país. Que de esas 15 personas seleccionadas de todo el mundo había una argentina, fruto de la educación pública. Pero también tuve un sentimiento muy grande de responsabilidad y de saber que tenía que hacer las cosas de la mejor manera posible“.


Un contraste entre dos culturas académicas
Al analizar las dinámicas institucionales y pedagógicas, la investigadora sostiene que las experiencias en ambos países resultaron marcadamente distintas, sin que ello implique calificar a un sistema como superior a otro. Desde su perspectiva, las mayores divergencias se observaron en la metodología de evaluación: mientras en Corea del Sur se pondera con mayor severidad la memorización y la exactitud en las respuestas, en Argentina las ciencias sociales priorizan la construcción del pensamiento crítico y la fundamentación personal. Esta vivencia le sirvió para poner en valor los institutos de formación docente y las universidades nacionales, concluyendo que la calidad educativa argentina “es mejor de lo que pensamos”.
Asimismo, el proceso de adaptación implicó desafiar barreras lingüísticas y dinámicas de interacción social. Aunque el dictado de la maestría se desarrolló en inglés, la convivencia cotidiana requirió el uso progresivo del coreano. Sin embargo, el obstáculo más complejo estuvo vinculado a los códigos de vinculación interpersonal dentro del aula.
— ¿Qué fue lo más desafiante de estudiar y vivir en un país tan diferente culturalmente?
— Al principio el idioma, más allá que estudié un poco antes de postular y tuve que hacer un año de idioma acá en Corea antes de empezar la maestría, es muy diferente al nuestro. Pero por suerte, para mí, mi maestría fue en Inglés, así que luego se hizo más fácil. Tal vez lo que más me costó, fuera del idioma, fueron las relaciones sociales. En nuestra cultura universitaria nos volvemos bastante cercanos entre compañeros y también con nuestros docentes. En la cultura coreana, o asiática tal vez, se mantiene un poco más de distancia, más que nada entre docentes y estudiantes, lo que me costó comprender al principio. Pero con el tiempo nos fuimos adaptando mutuamente a las diferencias culturales.
La bandera de la universidad pública
Durante sus intercambios con compañeros de curso provenientes en su mayoría de distintos países de Asia, Mirella remarca que solía enfatizar el origen estatal y gratuito de su formación superior, un concepto que despertaba asombro entre sus pares extranjeros.
“Yo soy 100% fruto de la educación pública”, reafirma con convicción, repasando cada una de las instituciones por las que transitó: el Jardín de Infantes Nº 944, la Escuela Primaria Nº 59, la Escuela Media Nº 20, el I.S.F.D.y.T. Nº 24 y la Universidad Nacional de Quilmes como su Alma Mater. Ante las discusiones sobre el rol del Estado en el sistema educativo, expresa que la educación pública “fue la que me dio las herramientas y las oportunidades para llegar hasta donde estoy hoy. Y nunca me voy a cansar de decirlo”.
A modo de cierre y dirigiéndose a los estudiantes que hoy cursan sus carreras en las aulas de la UNQ y evalúan la posibilidad de continuar su trayecto académico en el exterior, concluye: “El que no arriesga no gana! No subestimen la formación que recibieron en la UNQ. No hay universidad chica cuando el sueño es grande. Aprovechen todas las oportunidades que la Universidad les ofrece. Participen en conferencias, charlas y actividades extracurriculares. Todo les va a aportar en el futuro. Y si están pensando en postularse a una beca, ¡háganlo! Y no se desanimen si a la primera no se da. Tomen cada experiencia como una oportunidad para mejorar y volver a intentarlo”.